Este libro representa la curación de mi corazón roto. No sabía que estaba tan roto, pero hace no mucho tiempo me di cuenta hasta que punto un corazón roto no tiene ganas de vivir y boicotea cualquier intento de disfrutar de la vida y vivir en el Amor que somos.

La escritura de cada página del libro fue terapéutica para mí. No lo hice por eso. Nadie me dijo “escribe un libro de los episodios más duros como madre de Iván para curarte”, ni yo lo pensé, pero ese ha sido uno de los efectos luminosos de esta humilde y poderosa obra. Escribí el libro porque recibí numerosas señales que me llevaban a ello y decidí prestarles atención, a pesar de mis barreras para hacerlo.

Cuando el sufrimiento y el dolor del corazón se apoderan de la vida, no vemos la salida, no vemos luz al final del túnel. Actuamos en automático, sin esperanza, pero seguimos adelante porque hay que hacerlo. Siento que, en estos instantes, en un pequeño pueblo de México, en una gran ciudad de Argentina, en una ciudad del cordón metropolitano de Madrid, en una aldea de Asturias y en un pueblo de Mozambique una madre y un padre no pueden soportar el dolor y el sufrimiento que viven por ver como su hijo o hija sufren las consecuencias de una discapacidad psíquica. Esta puede ser fruto de una enfermedad, un trastorno mental o un accidente de tráfico. Y tampoco soportan el estrés de cuidar y abarcar los retos que muchas veces supone. Pero siguen adelante siempre, por amor, nunca se rinden.

Yo he tardado unos ocho años en curar mi corazón roto. Busqué y busqué respuestas durante mucho tiempo porque no veía luz, iba a oscuras y cada puerta a la que llegaba no se abría. Llamaba y llamaba hasta gastarme los nudillos, pero la puerta nunca se abría. Era desesperante. Llegó un momento en que no pude llamar más de lo agotada que estaba y tuve que abrirme a nuevos caminos, a nuevas percepciones. En este libro te cuento el poder que habita en cada ser humano y el poderoso mensaje que nos trae una persona con discapacidad. Te resumo mis ocho años en 200 páginas. Ojalá te sirvan para que para ti no sean ocho años, y podamos acortar el tiempo de sufrimiento. Y que a partir de ahí sea la Paz la que dirija nuestras acciones en cualquier esfera de la vida y en todo lo concerniente al cuidado y la educación de una persona con discapacidad psíquica.