Una de las preguntas que han sido claves en mi evolución para llegar hasta aquí ha sido para qué. Para qué nos pasa lo que nos pasa, para qué vivimos circunstancias que nos causan dolor y sufrimiento, para qué existimos.
El para qué nos lleva a indagar dentro de nosotros mismos y no quedarnos en la queja. Son dos palabras que nos impulsan hacia la introspección más profunda, a un camino de no retorno que a veces traerá alegrías y otras veces mostrará tempestades, para que en medio de la misma sepamos volver a nosotros mismos y entender que todo es perfecto.
Si me centro en el por qué me pasa lo que me pasa, por qué soy madre de un muchacho que no puede hablar ni tiene un sistema alternativo de comunicación, que se autolesiona si está nervioso, que necesita vivir interno en una institución, acabaría desquiciada y anestesiada para sobrellevar mi existencia si es que decidiera seguir viviendo.
La vida nos sostiene siempre. Pero muchas veces creemos que no es así. Y la importancia de los pensamientos que tengamos es crucial a la hora de transitar nuestro camino. Por eso, cuando tenemos que enfrentarnos a hechos que nos superan, que nos causan dolor y mucho sufrimiento, lo que pensemos va a determinar nuestra realidad. Y es en momentos duros cuando aparecen los interrogantes. El ser humano siempre se ha hecho muchas preguntas, así es como hemos ido evolucionando a lo largo de los siglos y de los milenios. Alguien alguna vez se preguntó como podríamos movernos más rápido de un lugar a otro, y con los años y los siglos aparecieron los medios de transporte. Alguien se preguntó cómo sanar una enfermedad y apareció la curación y la medicina moderna. Y así puedo seguir explicando instantes en los que surgió la chispa que nos hizo evolucionar como especie y avanzar como seres humanos.
Pero es cierto que existe mucho dolor, mucha queja y mucho sufrimiento en este mundo. ¿Y si todo fuera más sencillo de lo que creemos que es? ¿Será posible vivir una vida con sentido, con propósito y en paz? Empecemos por preguntarnos para qué nos pasa lo que nos pasa, porque esa pregunta nos llevará a un punto y luego a otro, y poco a poco encontraremos lógica a nuestra existencia y a la de nuestros hijos, nietos o seres queridos con discapacidad psíquica. Ese sentido encontrado nos aportará luz y la calma necesaria para vivir una vida en paz con las circunstancias aparentemente adversas que nos toca transitar como familiares directos y responsables de personas con discapacidad psíquica.